La muerte del Führer es una de las muertes con más incógnitas de la historia. Al parecer, Hitler al ver que su ejército estaba totalmente acabado y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de finalizar, primero, manda matar a su perro y el 29 de abril se casa con Eva Braun y juntos huyen y se esconden en sus departamentos. Una vez allí sus familiares que esperaban fuera oyeron un disparo y encontraron a Hitler tendido sobre el sofá, cubierto de sangre, y al lado su mujer que yace muerta envenenada. Hitler se había disparado en la boca y había perdido la mitad de la cabeza.
Tras su muerte llevan los cuerpos al jardín y los rocian con 180 litros de gasolina y les meten fuego, que según cuenta ardió durante todo un día. Cuando los rusos entraron en el bunker encontraron algunos cuerpos pero, naturalmente, no el de Hitler.
Aquí es donde de verdad empieza el enigma ya que no se sabe con certeza qué sucedió con sus cenizas y sus huesos, los que no habrían alcanzado a quemarse completamente. Según Guensch, edecán SS de Hitler, las cenizas fueron sacadas de la Cancillería. Ellas habrían sido entregadas a Arturo Axmann, jefe de las Juventudes Hitlerianas. Pero este relato no ha sido confirmado por ninguna otra fuente.
Ni el cuerpo ni las cenizas de Hitler fueron encontrados. Algunos han tomado como pretexto la desaparición del cuerpo del Führer para poner en duda su muerte. Según ellos, habría podido escapar del bunker. De acuerdo a una de las hipótesis, habría sido llevado a bordo de un submarino alemán, el U977, que recaló en el puerto de Mar del Plata, en Argentina, a fines de la guerra. Sin embargo, el comandante de este barco, H. Schaeffer, que se rindió junto con su tripulación, escribió un libro en el cual refuta formalmente esta teoría.

Los historiadores de Hitler sostienen que el Führer escogió deliberadamente permanecer en Berlín y morir allí, entregando como prueba sus testamentos. Los testimonios concordantes de los que asistieron al fin de Hitler así como la minuciosa encuesta efectuada por TrevorRoper atestiguan que el jefe del Tercer Reich murió realmente en su bunker y que su cuerpo fue quemado allí. Solamente algunos perversos y probablemente nostálgicos del régimen nazi han podido querer creer, y hacer creer, que quizás no estaba muerto.
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